Alas batidas, hadas perdidas

 Material melancolía sobre papel de envolver… os regalé para que cuidaseis de alguien que no se ha dejado querer ¿Donde estareis hadas mías? No me odieis.

 Por entonces en aquel laberinto donde os encontré, me contaba Emma un relato… a quien pueda servir:

 Existió una vez un escalador, todo un aventurero conocido hasta en los confines del mundo por la osadía  de sus hazañas y se propuso un día conquistar la cumbre más alta y temida en todo el planeta.

El viaje, como todo viaje auténtico, fue arduo y peligroso mas, una vez en la cima, la visión que logró conquistar no tenía parangón con ninguna otra. Allí una extraordinaria criatura se mostraba, detenida en el tiempo, en el interior de un gran fragmento de hielo. Se trataba de una mujer, de belleza hipnótica, que aún en su estado de inusual congelación, resplandecía en tonos cálidos aparentando estar llena de vida. Por primera vez en toda su existencia, el aventurero sintió miedo, un miedo que se apoderó de él y lo hizo partir huyendo.

Una vez en su campamento, el escalador no podía dejar de pensar en aquel ser excepcional que se había cruzado en su camino. Al fin, armado de valor, volvió a la cumbre a buscarla mas, el hielo se había derretido y sólo algunas huellas se alejaban del lugar diluyéndose poco después entre los jirones de nieve, sin dejar rastro de ella.

Emma, por si algún día aterrizas en éste pequeño planeta (quizá te traiga el vagabundo de los limbos sobre su delfín de plata) y aunque no sabría repetir aquellas partidas de ajedrez en el mundo de las fantasías de las ciudades nocturnas, ya que he perdido la práctica en descifrar la nada y en pintar evanescencias (y viceversa), decirte que el universo pierde realismo sin tu funambulismo mental.

(Término en honor a “Les etoiles” en las pasadas noches blancas de Madrid)

~ por aproaunabrujula en Octubre 1, 2007.

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