El efecto Allais sobre mundos imaginarios
Mi brújula apunta al horizonte, su mirada ciclópea indica algún lugar más allá del balcón, tras los barrotes verdes. Su exterior, confortablemente curvilíneo, suave hasta el infinito, se inclina sobre el respaldo de la hamaca y asomando con agilidad por un lado del asiento permite que la flecha indomable de su pupila se lance en la inmensidad nocturna, al acecho de nuevas sensaciones. Su alter ego permanece al otro lado del espejo, sumida en esa oscuridad, formando parte de ella, y protestando ante las señales que la invaden… El Emperador Amarillo no ha hecho hoy sus deberes, y los espejos pierden consistencia.
Hun-tun, si me lees, no traigas invitados a casa, querrán ayudarte y terminarán por matarte, … el mundo no puede permitírselo.

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